¿Meditar es sentarte en la postura de la flor de loto, horas y horas en algún rincón con incienso, para conseguir poner la mente en blanco y en el mejor de los casos levitar?

Tráfico, bandeja de entrada llena, el grupo de whatsapp del cole, el del trabajo, Facebook, Twitter, Instagram, otra notificación, noticias, información, obligaciones, superación, éxito, facturas, miedo, un mes de vacaciones y gracias, no hagas mucho ruido que los niños duermen, control, seguridad…

Encuentras un rato para un café, estás agotado y la comunicación se convierte en aprovechar las pausas para meter lo propio, necesitas desahogarte, vuelves a casa, ha sido un diálogo de sordos, no te has escuchado, no te has desahogado.

STOP.

Si no has tenido tiempo de pararte y escucharte a ti mismo, ¿cómo vas a escuchar a los demás?

Por lo tanto, en primer lugar, tendrás que pararte, escucharte, y ver qué te cuentan tus emociones ¿Cómo te sientes?

Y es ahí donde entra en juego la meditación:

Silencio: solo bajando el volumen de tu entorno, podrás escucharte, comienza la aventura interior.

Quietud: quedarte quieto requiere disciplina, autocontrol, significa realizar aquello que determinas hacer.

¿Qué obstáculos te puedes encontrar?

Inquietud corporal: se te duerme un pie, te duele la espalda, el cuello…

Distracción mental: “con todo lo que tengo que hacer y aquí sentado, meditando”.

Sombras: si vives tienes heridas, si paras te las puedes encontrar de frente y no suelen ser agradables. El problema no es que te dejara esa persona que tanto querías, el verdadero problema es cómo transitas el duelo o si te sientes identificado con la herida (siempre me dejan, moriré solo).

No existe experiencia humana intensa que no transite en algún momento por el dolor, así que míralo de frente, ponle pasión, detrás de ese dolor que sientes ahora está el aprendizaje.

Por lo tanto, cada vez que meditando aparezcan tanto los calambres, como la mente charlatana o se remuevan tus heridas, sigue respirando, concéntrate en la respiración.

“Basta mirar algo para transformarlo”

La meditación sirve para verte, para ser tú mismo, no en función de lo que tienes, ni de lo que te hacen los demás, meditar es encontrar tu esencia, como si fueras un compás, te clavas en el centro y sale un bonito círculo, tu círculo.

Olvídate de la perfección, no consiste en eso, no estamos hablando de personas perfectas sino de personas auténticas.

Así que la meditación te dará:

Lucidez: claridad mental.

Coraje: si ves claro lo que sientes y en qué momento te encuentras,  podrás actuar en consecuencia.

Frutos: tu vida comenzará a tener sentido

Alegría: te has encontrado, eres tu mejor amigo y compañero de vida

¿Te atreves?

¡Hora de caminar!

Fuente: Informa Valencia