Ramiro Calle, uno de los pioneros indiscutibles del yoga en nuestro país explica en su obra «Yoga para niños» (Kairós) que su práctica «se extienden a todo el organismo y, actuando tanto sobre el cuerpo como sobre la mente, aumenta el rendimiento psicosomático, armonizan cuerpo y mente, disciplinan y fortalecen el carácter». En lo que respecta al público infantil se ha comprobado, prosigue, «que el yoga mejora el comportamiento del niño, estabiliza su carácter (…), equilibra su afectividad,, intensifica su capacidad de concentración y le permite sentirse mejor consigo mismo».

Calle detalla en su libro que a la larga, esta técnica puede desempeñar un papel muy importante para prevenir y ayudar a combatir trastornos habituales en niños y adolescentes. Este profesional se refiere en sus páginas a los relacionados con la alimentación (innumerables trastornos del apetito, sin olvidar la bulimia y la anorexia), a las alteraciones del crecimiento, la hiperactividad propia de la edad, las alteraciones psíquicas, los trastornos de relación con los padres o con otros niños, los problemas derivados de la escolaridad, y un largo etcétera.

Y, ¿cuándo es el mejor momento para empezar con las asanas o posturas? La edad ideal parece situarse en el entorno de los 7 u 8 años, aproximadamente, cuando el niño ya tiene un mínimo de fuerza. «Se considera que en esta etapa el objetivo del yoga es ayudarle en su desarrollo físico, enseñarle las colocaciones correctas de un cuerpo sano, ayudarle a fortalecer y a flexibilizar. En esta etapa las prácticas de control de la respiración y meditación no deberían introducirse», advierte Jiménez Suárez.

Por otra parte, el trabajo con niños debe ser siempre «variado y atractivo» para ellos, prosigue. «Su naturaleza les lleva al movimiento y los cambios. Esa cualidad es positiva y les genera una actitud frente a la vida dinámica y alegre», añade. Esto hace también que sea aconsejable que las posturas de yoga, corrobora Ramiro Calle, «las hagan un mayor número de veces, pero durante menos tiempo, para agilizar la práctica y evitar el aburrimiento».

Limitaciones físicas

Pero no todo vale. A esas edades los niños tienen también limitaciones físicas que hay que considerar, advierte Jiménez Suárez. «Sus cuerpos aún no están formados y sus huesos y articulaciones son más débiles que en los adultos. Las posturas cargando peso sobre el cuello deberían evitarse hasta los 18 años y dependiendo de la preparación previa incluso hasta más adelante. Los equilibrios prolongados sobre sus muñecas también están desaconsejados».

En el caso infantil, tal y como se extrae del libro «Yoga para niños», lo mejor sería optar por el yoga físico. Jiménez, tras ocho años de experiencia de enseñanza en niños ha podido comprobar que la flexibilidad puede estar muy reducida desde edades muy tempranas, especialmente en los niños deportistas. «Sus músculos se fortalecen y se acortan, comienzan a tener lesiones y dolores de la parte baja de la espalda… Las posturas de flexibilidad correctamente dirigidas les permiten recuperar en muy poco tiempo, mucho menos que en adultos, las colocaciones sanas de sus cuerpos».

En resumen, concluye esta profesora de Iyengar, «en esta etapa se puede considerar el yoga como una herramienta de ayuda para su desarrollo físico y mental. Si en un futuro el niño muestra interés por la materia y desea continuar tendrá la oportunidad de descubrir el trabajo correcto de las distintas técnicas respiratorias y lograr una columna vertebral perfectamente trabajada por las posturas de yoga».

Fuente: ABC Padres